Querido hijo:
Después de ver cómo Alonso, producto inútil y prosaico, quedó octavo en Malasia, me fui contigo a La Alfalfa a disfrutar de tu compañía al compás de Los Polillas y de la Virgen de los Reyes. Como todos los años (fue mi padre quien nos llevó a mi hermana y a mí a presenciar la Resurrección y recuerdo que la canastilla aún estaba sin dorar), he comprobado que tu ilusión, tu goce y tu fe profunda en las imágenes, en los brillos, en los aromas, en la música de cajas y metales, en el movimiento que apenas dura y que se escapa para encadenarse a otro en el siguiente instante... me hacen feliz a tu lado. Por esto, y por más razones que ahora me guardo, te quiero con toda mi alma.
Un abrazo y un beso.
Tu padre.
Querido amigo Juan Antonio:
Porque te he leído toda la semana, eché en falta la copla del Domingo de Resurrección. Aquí añado la mía, que es tuya, aún sorprendido de haberla sentido y escrito a un tiempo.
Cuesta del Rosario arriba
Cristo vivo nos bendice
librándose del sudario
mientras la luz se derrite.
Un fuerte y sincero abrazo.
Tu amigo
Rafa