Finalizada la cena, tomó un resto de pan duro y lo humedeció en los posos del último sorbo de vino que aún le aguardaba en su cuenco. Miró a todos los presentes, de uno en uno, y comprobó que solo le observaba quien se sentaba al frente.
-Es la única manera de que me pase. Esos dientes míos...
Los demás hablaban y reían, mientras se codeaban alegres adivinando el jolgorio de adolescentes devotos que vendría después.
-Poco importa lo que hemos hecho hasta ahora, ¿verdad?
-Sí, poco, muy poco.
-Tú te encargarás de recordarlo y, sobre todo, de contarlo según convenga, ¿no es así?
-Yo y los demás. Sí, no te preocupes.
Algunos salieron al patio para aliviarse el vientre. Él se sintió excluido y tardó la eternidad de un instante en formular la siguiente pregunta.
-¿Y el dinero?
-¿Eso es lo único que te interesa? El dinero lo tiene mi madre. En cuanto te suelten los soldados, vas a su casa. Se lo pides. Ella sabe lo que se ha de hacer.
-¿Podré llegar por mis propios pies?
-Solo me quieren aplicar un correctivo de veinte golpes de fusta. Para ellos soy una acémila sin doblegar. Se trata de una falta leve. Aunque los intérpretes piden más. Pero será poca cosa. En una semana, tu espalda volverá a ser la de siempre y tu bolsa estará como nunca.
-Así sea.
Los que volvieron del patio avisaron de que ya se oían, a lo lejos, los cantos de júbilo de quienes anhelaban la auténtica resurrección de la carne.
LA CITA
-
Quisimos encontrarnos
en una mañana de azafrán.
Vestido blanco de novia.
Zapatos de marfil
piel
de
aceituna.
_ Qué me estás diciendo.
_Nada, yo no te di...
Hace 2 horas

