El catalán, pelirrojo y con dos carreras, económicas y derecho, rebañó el caramelo del flan que le sirvió mi madre con la miga de una tostada fría. Sonrió satisfecho y pidió permiso para fumar. Mi padre leía su ABC mientras el dominical esperaba impaciente que alguno de los presentes se decidiera a ir a por él. Yo entonces pensaba en el despilfarro que suponía nuestro servicio militar, en lo que representaba para nuestras vidas, pero, como era la conversación de las últimas copas nocturnas, no ponía en pie ni en orden coherente el conjunto de argumentos que habíamos reunido Joan y yo. Lo que sí me vino sin deturpaciones fue el reconocimiento sincero de este por haberlo invitado a mi casa a pasar el fin de semana, libre de desfiles y guardias y sin enemigos inminentes que contrarrestar. Nos llamó "paréntesis de hogar" y mi madre deshojaba sonriente las durezas de unos alcauciles que terminarían siendo guisados con sus papas en amarillo y su hojita, que no falte, de laurel. Con un par de huevos fritos. Si así te gusta, también. Olé. Olé, no; es ole. Ah, vale, yo pensaba...
Cuando vio que el bolígrafo se tendía a mano bajo el frutero, se rindió a la tentación y, por fin, satisfizo las expectativas del periódico de colores. Puedo hacer el autodefinido o está ya reservado. Pero qué gracioso es este muchacho. Claro. Aquí no hay reserva que valga. En apenas cinco minutos ya se había liquidado la mayor parte de las cuadrículas, pero un sector de cuatro definiciones se resistía. A ver, a ver... Cómo será esto. Pregúntale a él. Seis letras: general del Ejército Rojo de la II Guerra Mundial. Tiene una hache en la segunda.
Mi padre, sin levantar la vista de la columna de Campmany, con esa cadencia de voz que lo hizo célebre durante sus años de profesor, aunque no tanto como su primorosa y personal caligrafía, contestó "Zhukov", para añadir de inmediato "genio ruso de la táctica militar y experto en carros de combate". Joan copió el certero dictado casi triunfante, me miró como el que ha superado un examen imposible y me dijo: Oye, tu padre es más cómodo que consultar a la Enciclopedia. Orgulloso, le sonreí y me sorprendí, como en tantas otras ocasiones, de que nadie escuchara lo que apostillé a continuación: Pues con cualquier lago de Finlandia es capaz de hacerte lo mismo.