jueves 26 de enero de 2012

Geometría descriptiva y otras disciplinas afines

Un beso geométrico adopta distintas formas según el número de lados que contenga; un beso triangular, por ejemplo y para empezar, es aquel en el que se unen tres puntos conectados por una línea recta, que es igual a un grumo universal compuesto por dos cuerpos abrazados: un "tú", un "yo" y un "túyyo". Si se traza con dignidad la altura de cada uno de estos vértices, obtendremos en la intersección de estas tres nuevas líneas interiores el ortocentro de la figura, un exacto emplazamiento humedecido por el roce.



Visto desde fuera, un filósofo del lenguaje diría que el primero de los vértices es una señal; el segundo, un síntoma; el tercero, un símbolo. Un psicoanalista de prestigio, que todo remite al tipo de acto copulativo del que se procede. Un creyente melibeo, que Dios es amor y este todo lo puede si esa es su voluntad y su potencia.
 
En nuestro caso, ni la geometría, ni la filosofía lingüística, ni el psicoanálisis, ni la fe dogmática, nos sirven para detallar con eficacia qué formamos al besarnos. Tampoco la lírica es útil; un poeta, ¿verdad?, siempre finge (por esto creo que me apasionan más los que odian que los que aman, porque son minoritarios y porque el odio representado hace menos daño que el amor simulado). Antes, mucho antes, hemos de encontrarnos.

1 comentarios:

Rosario dijo...

Es la descripción de un beso más complicada y al mismo tiempo más hermosa que he leído en mi vida. Muy acorde con Klimt, me encanta.
Dice el refrán aquello de “Cree el ladrón que todos son de su condición”. Así, ¿no ha de ser el amor simulado el mayor temor del poeta?

Más besos.