lunes, 9 de diciembre de 2013

domingo, 8 de diciembre de 2013

viernes, 6 de diciembre de 2013

domingo, 24 de noviembre de 2013

IN MEMORIAM: D. MANUEL CASCAJO


IN MEMORIAM

De don Manuel Cascajo Taboada,
con Manolito y Eva a sus espaldas. 

Donde tanto reí
es donde tanto lloro
vuestra vida y la muerte
de todo aquello y lo otro.

          El cura guiri de vuestro pueblo terminó ayer su plática dando la razón suprema de la fe que representa: Cristo nos quiere y nos está esperando. Entre tanta gente y al pie de uno de los pilares de ese majestuoso espacio, donde el tiempo se sabe poderoso porque habrá de ser recordado por todos los presentes, aquellas palabras me llevaron a pensar en tu familia y en la mía, quienes aún están y a los que les debo la vida que disfruto, y en mi madre, y en Eva, y en Manolito, y en ti, quienes ya estáis por todas partes convertidos de nuevo en esencia del universo. Os quiero y sé que me estáis esperando, sin prisas, ¿verdad, Manuel?, más por ellos que por mí, para dar un paseo aéreo sobre los picos y las encinas, la plaza y la torre, los corazones que miran y los ojos que laten; a doña Lola le va a encantar. 

          Esta rana, en una etapa anterior, tuvo fotos de Aroche y lemas vitales en honor de mi gente serrana, y textos que reconocían el valor que para mí tanto tenían como siguen teniendo. Vuelvo a ellos para tenerlos a todos juntos. 

          En su día, por Evangelina, escribí: 

La débil luz de la tarde
se resiste a declinar
si antes de irse a otra parte
no me besa en tu lugar. 

          Y en el suyo, por Manolito: 

Recuerdas, ¿a que sí?, la mañana que entraste en el despacho pensando en la que te iba a caer encima por alguna trastada que habrías hecho y que en ese momento no ponías en pie. La orientadora te había dicho: El jefe de estudios quiere verte en su despacho durante el recreo. ¿Por qué? No lo sé, no me lo ha dicho, pero tú ve a verlo. Cuando sonó el timbre y salisteis al patio, obedeciste a pesar del trabajo que te costó renunciar a tu rato de semilibertad y de tener que afrontar una posible situación de riesgo contra ti. Yo hablaba por teléfono y te hice señas para que tomaras asiento. Mirabas a todas partes como si estuvieras buscando una salida por donde poder escapar en el caso de que las cosas se pusieran tiesas. Cuando colgué, te miré y te pregunté sin demasiada interrogación: Cómo te va. Bien, Rafael, bien, me respondiste a la defensiva. Adiviné tu preocupación y jugué un rato con ella para darle al momento un barniz de intriga. Cuando estabas a punto de confesarte autor de unos hechos, probablemente los últimos, de los que yo no tenía ni remota idea, te detuve y tranquilicé. Espera, hombre, espera. No me cuentes nada. Mira, tengo esto para ti. Le enseñé un sobre grande que había llegado esa misma mañana. Creíste que algo así nada podría contener de tu interés, pero lo que extraje de su interior te sorprendió. Estabas en primero y, por problemas de distribución de la editorial, aún no tenías en tu mochila el libro de texto de lengua. Cuando tu padre me contó el problema, le dije que no se preocupara, que el asunto se podía solucionar con cierta rapidez. Saliste del despacho contento por partida triple: te llevaste el libro que te faltaba, por esa vez te libraste de una segura y justa reprimenda y, además, disfrutaste de la mayor parte de tu recreo comiéndote el bocadillo entre tus compañeros de clase. 

Como sabes, ayer estuve en el pueblo para acompañar a tus padres y a tus hermanas en el trance más amargo de sus vidas. 

Un domingo, como el de ayer, luminoso y espléndido a pesar del frío, estaba en la plaza con tu padre, Evangelina y mis amigos Manolo y Marga, en Las Peñas. Tomábamos una cerveza antes de irnos a comer. Disfrutaba, como siempre y nunca, de la compañía de mis maestros arochenos (la extraordinaria y sencilla bondad de tu padre y el infinito cariño que me profesaba, y sé que aún se mantiene vivo, mi singular Eva), mientras charlábamos del pasado común en torno al instituto y de fincas en venta con arbolado y acometidas de agua y luz. Entonces te vieron llegar, pero yo no. Alguien se sumaba a la reunión, callado y seguro de lo que pensaba hacer. Alguien me abrazó por detrás y me cubrió las gafas y tapó mis ojos con sus manos. Cuando me liberaste del férreo y cálido achuchón, me levanté y de inmediato reconocí al zagal que había sido mi alumno en un muchacho que había crecido y ensanchado tanto que daba pie a pensar en un hombre que tendría toda una vida por delante. 

Pocos años más tarde, tengo la necesidad de escribir esto para aceptar lo inexplicable del dolor inmenso de ahora que sentimos todos, pero más que nadie los tuyos de sangre, al hacer presente tu breve vida y los instantes eternos que se vivieron en la monumental iglesia. Bajaste los brazos y me sonreíste con la profundidad del afecto sincero. Habías jugado conmigo de la misma manera que yo hice antaño. En ese momento fui yo quien te abrazó y besó para corresponderte en idéntica medida. Era alegría por encontrarte y reconocerte como el hijo pequeño de tu padre, con el orgullo de poder contarme entre sus compañeros y amigos, con quien he compartido tanto, y como una persona ya mayor que por sí sola, sin sentirse obligada, me demostraba lo que sentía abiertamente. 

Así, ¿cómo no iba a sentirme en vuestro pueblo como si fuera mi propia casa?; así, ¿cómo no iba a consideraros como integrantes de mi auténtica familia?; así, ¿cómo no voy a llorar tu pérdida como sigo llorando la de Eva?; así, ¿cómo voy a olvidar lo que me dijo tu padre el día que nos despedimos de ella, aquella tarde lluviosa y de luz filtrada, hermosa como ninguna, al anochecer de un día tan triste como detenido, hace ocho meses? 

Que yo aún sigo aquí, me dijo tu padre el día que enterramos a Evangelina. Nada hubo más cierto junto a nuestras lágrimas compartidas. Tu padre sigue ahí y aquí, como tu madre y toda tu familia y todo el pueblo, que fue a despedirse de ti y a reconocerles su pésame dolorido a quienes jamás dejaron de quererte durante veintidós años, ni dejarán de hacerlo mientras vivan, ni siquiera después. Pero no hay alivio para lo que no tiene remedio si es de esta magnitud. Solo queda una salida: aprender a quererte en la ausencia, poco a poco, día tras día, aunque sea insuficiente, ¿verdad, Evangelina?, donde la soledad impera. 

Muy pronto iré de nuevo a mi pueblo, otra vez. Allí hay gente a la que quiero. 

          Y por mi madre (ahora que la conoces, era guapa, ¿verdad, Manuel?): 

4 de octubre de 2008 

Otra vez una muerte
se nos lleva otro cuerpo,
desde el lecho caliente
hasta el vacío intenso
de quien queda presente. 

Y otra vez a la muerte
se le olvida el recuerdo
de regaños indemnes,
de cariños certeros,
de miradas recientes,
tirado por los suelos,
colgado en las paredes
y hecho humo en los techos.
 
          Querido Manuel: como sabes, acompañado de los nuestros (Manolo Jiménez, Mariángeles, Rafa Téllez y Floren), ayer abracé y besé a tus hijas y a Rafi; apenas pudimos hacer algo por mitigar su dolor, pero lloramos juntos y te recordamos. Por supuesto, como te habría gustado, brindamos por ti y nos reímos contigo al cuento de las cosas que nos ocurrieron. Hasta siempre, compañero y amigo.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Metamorfosis indecente



Siempre que veo esta imagen a través de las redes sociales siento una honda desazón. Repetida y vuelta a repetir hasta la saciedad y comentada y recomentada por conspicuos integrantes de la comunidad educativa, se ha convertido en una bandera que pretende ondear sobre los yermos páramos de la desigualdad y regarlos con la exigencia del necesario cambio metodológico. Y siempre llego a la misma conclusión: hay mucho talibán con ínfulas psicopedagógicas, con título y sin él, que campa por sus respetos creyéndose bastión de la modernidad docente, cuando no es más que una sombra sin cuerpo.

Jamás he trabajado en un aula donde coincidieran a la vez un pájaro, un mono, un pingüino, un elefante, un pez, una foca y un lobo. Ni conozco a nadie de la profesión que haya tenido que medir sus fuerzas con semejante galimatías zoomórfico. Luego la viñeta es una rotunda falacia y quien la evangeliza un mentecato.

Siempre he trabajado en aulas cuyos ocupantes eran todos pájaros, o todos monos, o todos pingüinos, etc. Eso sí, cada uno de su padre y de su madre y con el derecho a ser enseñado y la obligación de aprender de acuerdo con sus capacidades. Sin entrar en disquisiciones, ese pérfido texto, icónico y verbal a un tiempo, sigue expandiendo la vieja idea de que el profesorado ha trabajado y sigue trabajando poco y mal. Pero lo más increíble de este desgraciado asunto es que haya muchos quienes que se lo creen a pies juntillas, incluidos muchos de los nuestros.

martes, 22 de octubre de 2013

Diógenes de canto caído


Es inmóvil, sombrío y con goteras
del fin del mundo el cielo que me pisa,
confundiendo mi urgencia con su prisa
de que termine solo en las afueras. 

Siento el dolor podrido en las aceras
sin que me llegue el cuerpo a la camisa
y el grito se oscurece por su risa.
¿Es esto de la vida lo que esperas? 

Dócil silencio, páginas desiertas,
porque muy poco inventa quien descubre
que sueñas con las manos hojas yertas. 

Te quiero sin cansancio, dijo Octubre.
De otoños rojos y ocres horas muertas
el aire y el camino tiñe y cubre.

jueves, 29 de agosto de 2013

Cerrado por vacaciones

Una cama, dos cuerpos
y un único propósito:
que nada exista más allá del otro.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Casi por Alejandro Sanz

En una sola yema de sus dedos
hay mucha más arena
que en todos los desiertos,
para medir los tiempos
al compás de la sangre en cada entrega.

lunes, 15 de julio de 2013

El sueño y la aurora

Platón

Si algo pasa a la historia de nosotros...

Diógenes

Francamente, Platón,
como no voy a estar,
un rábano me importa
lo que diga el azar.

Mi nombre espero que olviden y si acaso se conserva,
que critiquen y demuestren que fue caballa y no melva,
por mi risa desdentada, lo que obtuve como pesca,
alumbrado por las musas, de la brava mar océana.

Platón

Diógenes, caro y bienquisto,
no me vendas lo estupendo,
que todos del mismo pie
cojeamos al respecto.

Con tanta lúbrica charla
de golpe se irguió el enhiesto.
Así que cojo tu alfombra
y volando como un cuervo,
animal de aviesos hábitos,
me voy al cálido encuentro
de la vieja Calcofonia,
que atiende todos mis ruegos,
perdidos los favoritos
en los surcos del pretérito.
Acompáñame y disfruta
el ajado terciopelo,
arrugado y desvaído
sobre un catre macilento.
Lleva tú el candil de aceite
y yo pondré los dineros.
Busca a mi mujer amante
y olvida los ceniceros.

Diógenes

Platón Amigo, esta noche
ya no me responde el cuerpo.
Vete solo y la cabeza
que brilla encuentre consuelo
donde un bruñido tesoro
hubo en los tiempos de Homero.

En lo poco que nos queda
hemos de hallar el remedio
contra el rigor del presente
que se escurre entre los dedos.

viernes, 5 de julio de 2013

Alfredo y María

Diógenes

Mi amigo Alfredo viaja del orto hasta el ocaso
con María Larreta lo que pueden al año.
De París a New York y más tarde a Santiago,
el que no tiene apóstol, ¿donde nació Bolaño?,
con dictador pretérito, libre pero enterrado.

Luego vuelan de nuevo, importa poco el gasto,
y aterrizan en Pascua cogidos de la mano.

Se tienden en la hierba varias noches al raso
junto a varias cabezas de volcán seco y sacro
y comprueban que el tiempo, sin detallar el caso,
concentra su concepto en un mínimo espacio.

De Morrison la tumba, de Clemmons negro el saxo,
de John Lennon los textos, de esponja eran sus labios.

No lo envidio por esto, mucho antes al contrario,
pues soy dócil con ella, como un perro con su amo.
Me deja ser feliz de foto a foto un rato,
incluso me aconseja que esta tenga su marco,
donde invisible asomo con gesto estupefacto.

Platón

Pocos como este triángulo perfecto.

Diógenes

Hipotenusa amada por catetos.

Platón

Brindo por Equilátero e Isósceles.

Diógenes

De todos el mejor, ¡por Escaleno!

martes, 2 de julio de 2013

Diógenes y Platón

Diógenes

Cuánta verdad reside en cada piedra.
Y usted, Platón Solónida, no añora
aquellos epigramas que, por Sócrates,
sutil consideró faltos y torpes
y a la llama voraz los dio a deshora,
pues algo inquebrantable aún recuerda.

Platón

Como un sueño repetido,
la tierra solo desea
que la marea la cubra
todos los amaneceres.

Diógenes

¿Le da la espalda a la rima?

Platón

¿Quién dice que es necesaria?

Diógenes

Con Aurora en un portal
borracho me empajillaba
y entonces llegó un vecino
que de allí me echó a patadas.

Platón

¿Le da la espalda al buen gusto?

Diógenes

¿Quién dice que es mal asunto?

Platón

Echemos otro vaso de mistela.

Diógenes

¿No sabe que me empino la botella?

Platón

Titono el Bello sería,
marido de la Rosada.

Diógenes

Tengo noción de sus huellas,
mas no recuerdo la cara.

lunes, 1 de julio de 2013

Callar y dormir


En tu lado de mi cama
un vacío de silencios
flota entre oscuros recuerdos
que destruyen las palabras.

miércoles, 26 de junio de 2013

Memoria y copla

A don Antonio, viejo maestro jubilado, le gustaba explicar las cosas del lenguaje, que tienen todas que ver con la vida, echándose un cantecito por lo bajini, cuando la concurrencia era la apropiada según su convencimiento. En cierta ocasión vespertina y en la taberna, arañó sus recuerdos para disipar una duda con estos versos:

Anda y que te den morcillas,
morcillas envenenás,
como si fueras un perro
peligroso de verdá.

jueves, 20 de junio de 2013

Rana sonriente


Guerra y paz

Platón

Antes de responder a tu pregunta
con otro interrogante, mi discípulo,
dejarás que te alumbre las sospechas
con esta breve historia de la guerra.
Y escucha tú también, pues desperdicio
verás que no contiene la basura:

Dos guiñapos colgaban de los pies
a la sombra de un roble amarillento;
los bultos se mecían con el viento
y las faldas vestían al revés.

Cuando quiera, dijeron en francés,
vuelva usted, capitán, por alimento
a este hogar donde olvida su tormento.
Todo había cambiado en solo un mes.

Cuánto y cómo reían las hermanas
al recorrer un cuerpo compartido
por sus lenguas rollizas y tempranas
en cualquier parte donde hicieron nido.

El soldado alemán mesó sus canas
y, pasando de largo, dio un silbido.

Aristóteles

¿A quién debemos, ínclito Platón,
reflejo semejante de dureza?

Diógenes

Digamos que entre Hesíodo y Homero
se encuentra el responsable del soneto...

Platón

¿Del poder de los hombres en la tierra
es la guerra la máxima expresión?

miércoles, 19 de junio de 2013

Soñar y vivir

Una de las últimas anotaciones de don Antonio Ruiz de Henestrosa en su cuaderno, "previo al libro", fue el epigrama que le había sido robado, como tantos otros, al gran poeta latino Marco Valerio Marcial por la mano de un envidioso sin talento, ni escrúpulos:

Soñar es recordar lo bueno
con la esperanza de volver a vivirlo,
aunque sea de otra manera.

Y vivir es darse cuenta
de que lo bueno no fue para tanto,
ni lo malo tampoco.

lunes, 18 de marzo de 2013

CARPE DIEM

Prosa decasilábica, sin rima
en los versos impares, que contiene
el espíritu heroico del romance,
tejida con acento exacto en su eje,
que rueda como ciclo por inercia
sin límites de vida hasta su muerte.

Vivir en soledad y siempre a solas,
vencido y derrotado por el tiempo
que mis demás comparten con extraños,
también tiene ventajas, por ejemplo:
sin perder un segundo de respiro
ayer estuve cien horas leyendo
bajo soles de luces fugitivas
y entre blandas lloviznas y aguaceros.
Qué fácil y económico resulta
adherirse a verdades con acierto,
envueltas en belleza de papel
y dichas a la cara contra el viento;
el pan de cada día nos proclama:
Rodríguez y González nunca han muerto.

lunes, 11 de marzo de 2013

Primavera

Primavera

Torrijas de vino blanco
y pura miel de romero
mi madre con delantal
azul y amarillo friendo,

en la cocina cantaba
feliz, como los jilgueros,
aquellos días de marzo
de velas y olor a incienso.

Alto, robusto y muy guapo,
niño, serás panadero
de nariz y manos grandes
como tu padre y tu abuelo.

Y a tu novia le diré
que cuide bien de mis nietos
porque trigo llevarán
en la sangre y en los huesos,

y el sol, la tierra y el agua,
y el fuego del horno dentro,
torrijas de vino blanco
y pura miel de romero.

viernes, 8 de febrero de 2013