sábado, 23 de noviembre de 2013

Metamorfosis indecente



Siempre que veo esta imagen a través de las redes sociales siento una honda desazón. Repetida y vuelta a repetir hasta la saciedad y comentada y recomentada por conspicuos integrantes de la comunidad educativa, se ha convertido en una bandera que pretende ondear sobre los yermos páramos de la desigualdad y regarlos con la exigencia del necesario cambio metodológico. Y siempre llego a la misma conclusión: hay mucho talibán con ínfulas psicopedagógicas, con título y sin él, que campa por sus respetos creyéndose bastión de la modernidad docente, cuando no es más que una sombra sin cuerpo.

Jamás he trabajado en un aula donde coincidieran a la vez un pájaro, un mono, un pingüino, un elefante, un pez, una foca y un lobo. Ni conozco a nadie de la profesión que haya tenido que medir sus fuerzas con semejante galimatías zoomórfico. Luego la viñeta es una rotunda falacia y quien la evangeliza un mentecato.

Siempre he trabajado en aulas cuyos ocupantes eran todos pájaros, o todos monos, o todos pingüinos, etc. Eso sí, cada uno de su padre y de su madre y con el derecho a ser enseñado y la obligación de aprender de acuerdo con sus capacidades. Sin entrar en disquisiciones, ese pérfido texto, icónico y verbal a un tiempo, sigue expandiendo la vieja idea de que el profesorado ha trabajado y sigue trabajando poco y mal. Pero lo más increíble de este desgraciado asunto es que haya muchos quienes que se lo creen a pies juntillas, incluidos muchos de los nuestros.

No hay comentarios: